sábado 6 junio, 2026

La historia del Cementerio de Lomas

El Cementerio del Municipio de Lomas de Zamora no es solo un lugar de descanso final. Entre monumentos, esculturas y sepulcros sencillos, el predio inaugurado en 1867 guarda una radiografía social, política y cultural del distrito. Desde las familias fundadoras hasta los artistas populares y las colectividades inmigrantes, cada rincón refleja cómo vivía —y cómo moría— la comunidad lomense.

El 5 de junio de 1867 quedó habilitado el primer sector de lo que hoy se conoce como el “Cementerio Viejo”. Hasta ese momento, los vecinos de Lomas de Zamora debían trasladarse a Barracas al Sud o incluso a la Ciudad de Buenos Aires para enterrar a sus muertos. Las tierras utilizadas pertenecían a un remanente de la antigua Estancia de Zamora y el diseño original estuvo a cargo del ingeniero Giúdice. De aquella primera etapa solo sobrevivió la pequeña construcción donde vivían los cuidadores, mientras que la tradición oral sostiene que el primer enterrado fue un vecino de apellido De los Santos.

Con el crecimiento de la ciudad, el cementerio también se expandió y comenzó a reflejar las profundas diferencias sociales de la época. Una avenida central divide el predio en dos sectores que reproducen la histórica fractura urbana marcada por el ferrocarril. De un lado aparecen las grandes bóvedas familiares y los monumentos de los sectores acomodados, con apellidos ligados al poder político y económico local, como Portela, Grigera o Manuel Castro, histórico caudillo e intendente de Lomas. También se destacan las construcciones monumentales de las colectividades inmigrantes, como los panteones españoles, italianos, vascos y griegos, que dejaron plasmada su identidad cultural en la arquitectura funeraria.

En ese sector descansan además figuras centrales de la historia y la cultura argentina. Allí se encuentra la tumba de Ignacio Lucas Albarracín, pionero en la defensa de los derechos de los animales y promotor del Día del Animal, así como el mausoleo del maestro Antonio Mentruyt, reconocido educador local cuyo sepulcro exhibe un trabajo del escultor Luis Perlotti. También sobresale la bóveda art decó de Eugenio V. Fonda, intendente asesinado en un confuso episodio que conmocionó a la política bonaerense de principios del siglo XX.

Pero el cementerio también conserva la memoria popular. Del otro lado de la avenida central predominan las tumbas sencillas y las lápidas austeras, donde quedaron reflejadas las nuevas corrientes migratorias que llegaron al distrito durante el último siglo. Allí descansan artistas populares como el payador Pablo J. Vázquez, protagonista de históricos contrapuntos con Gabino Ezeiza, el violinista tanguero Ernesto “Pibe Ernesto” Ponzio y la cantante litoraleña María Helena, fallecida trágicamente a los 24 años en un accidente automovilístico.

Con más de 24 hectáreas y un imponente pórtico neoclásico inaugurado en 1914, el Cementerio Municipal de Lomas de Zamora se convirtió en mucho más que una necrópolis. Como definió la investigadora Cristina Echazarreta, se trata de “un patrimonio que no miramos”, un espacio donde las bóvedas de mármol y las tumbas humildes narran las tensiones, las desigualdades y las transformaciones de toda una ciudad.

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